Estaba jugando fútbol en la UCA. Empezó el partido a las dos y media; era el segundo 45 cuando tiraron un centro desde la banda derecha, me tiré e hice lo posible por evitar que la pelota llegara a pies del contrario, lo conseguí pero caí mal y en ese instante sabía que algo andaba mal. Me dolía muchísimo el hombro izquierdo, Carlitos y la Pepesca me llevaron a la clínica de la universidad, donde me dijeron con toda seguridad que se me había dislocado el hombro y que me fuera al hospital más cercano. Me llegó a traer mi hermano, nos fuimos al Hospital General del ISSS. Y es en ese momento que comienza la historia…
Llegué a la sala de emergencia del hospital aproximadamente a las tres de la tarde (ya llevaba media hora con el hombro dislocado), le dijimos a la señora encargada lo que me había pasado y nos dio un papel y nos dijo: “Esperen sentados hasta que los llamen”. Pensaba, en mi ingenuidad, que si traía el hombro dislocado era algo que debería ser tratado rápidamente… estuve esperando alrededor de quince minutos (ya llevaba 45 minutos con el hombro dislocado) y tuve suerte porque un médico me vio con tacos, camisa de fútbol y algo adolorido y me llamó, porque si no hubiera esperado más. Me vio el hombro por no más de 30 segundos e inmediatamente me dio otro papelito para que fuera a sacarme una radiografía… esperé otros quince minutos más (ya llevaba una hora y el dolor se hacía más intenso) para que me hicieran la radiografía. Estaba indignado y miraba a la Pepesca con ironía por lo desatento e ineficaz que era el ISSS en una emergencia (tomando en cuenta que mensualmente el ISSS recibe el 3% del salario del trabajador y el 7.5% del patrono); después de que me la habían hecho esperé alrededor de otros quince minutos (llevaba aproximadamente una hora con veinte minutos y el dolor se acentuaba) para que me dieran la radiografía y poder ir donde el doctor para que me hiciera lo necesario para que el hombro volviera a su lugar.
Lo que me pasó después no va con este texto y en lo que quisiera que reflexionáramos y analizáramos es en un par de situaciones:
1. ¿Qué hubiera pasado si en vez de que hubiera estado en la UCA hubiera estado construyendo en el caserío El Portezuelo, cantón Ojo de Agua, municipio de Juayúa en el departamento de Sonsonate (muchos ya sabemos qué tanto cuesta ir y venir desde ahí, para los que no: es cerca de 45 minutos llegar al casco urbano del municipio y una media hora más al hospital más cercano)? Posiblemente no hubiera llegado al hospital y me hubiera atendido un “sobador” que quizá me hubiera dañado aún más y ese daño hubiese sido permanente, dejándome el brazo con mucha menos capacidad para ejercer movimiento y fuerza. Ahora imagínense si esto le hubiera pasado a un jefe de hogar de esta comunidad con 5 hijos que alimentar, iletrado y que trabaja sólo en milpa o en la zafra…
2. ¿Qué hubiera pasado si yo en vez de tener el hombro dislocado hubiera tenido el hueso salido (que esto conlleva a una cirugía inmediata)? Claramente esta ineficiencia no es culpa del personal. Probablemente ellos atienden el doble o más del doble de pacientes de los que deberían atender. Pero teniendo en cuenta que el gobierno destina sólo el 1.59% del PIB (¡apenas $53.98 por persona al año!) –datos según el PNUD- para invertir en salud, queda claro que es lo más que se puede esperar. La responsabilidad recae directamente en el estado que debe invertir mucho más en un servicio tan básico para el desarrollo de la población y del país. Reducir gastos grandes e innecesarios, por ejemplo el de la fuerza armada que es casi tres veces más que el presupuesto de salud, es una medida a analizar.
3. Por suerte yo tengo carné del ISSS pero ¿Qué hubiera pasado si no lo tuviera? Tomando en cuenta que sólo el 17% de la población puede acceder al ISSS (datos según www.isss.gob.sv) quiere decir que hay 4.6 millones de salvadoreños que no acceden a esta institución que, paradójicamente, es mil veces más eficiente, higiénica y tecnológica que cualquier hospital o clínica pública (Bloom, Rosales, Fosalud, etc.). Sin embargo, el ISSS no te da la confianza necesaria de que está haciendo un buen trabajo porque yo todavía me veo el hueso semi-salido…Y si en el ISSS esperé una hora y veinte… ¿cuánto hubiera esperado en el Rosales?
Desgraciadamente las familias más vulnerables y las más pobres son las menos beneficiadas con las políticas gubernamentales ya que no tienen un sueldo ni un trabajo fijo y eso automáticamente los excluye de obtener un servicio tan básico como lo es la salud.
Curiosamente, el gobierno sólo destina el 8% del PIB para proyectos sociales debajo del promedio latinoamericano de 13%, al que, como mínimo, debe aspirar el país.
Los invito, al igual que lo hice en el pasado, a descubrir e indagar las injusticias y la poca importancia que se le otorga no sólo a la problemática de vivienda sino a derechos tan fundamentales como la salud, la educación, trabajo, etc.
Alejandro Calderón “Pizus”
Coordinador del Catastro de El Salvador