México FUERTE

Mayo 15, 2009

En México estamos enfrentando una crisis y una epidemia que nadie esperaba y ninguno imaginó.

Recién pasada la visita de Obama al país, empezaron días de incertidumbre y nos inundó una sensación de ansiedad que pocos conocían. Se suspendieron todas las actividades escolares en escuelas públicas y privadas, se cerraron restaurantes, bares, cines y algunas oficinas, se cancelaron todas las movilizaciones partidistas previas a las elecciones de julio de este año.
El país se detuvo.

Durante la semana pasada, el miércoles, las empresas y oficinas de gobierno que habían suspendido actividades volvieron a la “normalidad”, con rigurosos filtros de salubridad, que etiquetan a los sanos. El lunes reiniciaron las clases de todos los niveles educativos. Acá se activa el país, pero en el continente se cierran aeropuertos, se evitan viajes a México, se cancelan para México las copas de futbol, se excluye al mexicano en general. Por ser mexicano, se nos discrimina, divide, aísla.

tapabocas bandera
Es un factor común en las emergencias del país que ante cualquier catástrofe, inundación o epidemia, sale a la luz la gran catástrofe que vive desde hace siglos, pone de manifiesto la crisis del sector salud en México; evidencia la desigualdad en su forma más cruda. Siempre han estado vidas en juego, pero hoy se hace más patente que nunca que la falta de acceso a la salud afecta a los que más nos dan, los que más nos enseñan, los que nos construyen a diario, nuestras familias de las comunidades.

familia
Con los mexicanos fallecidos viene la agonía de una esencia única, el cariño, hospitalidad y alegría que nos caracteriza. Esta esencia hoy no se siente igual, nos inunda la incertidumbre, la duda y la ignorancia, que ha inundado al mundo de exclusión, a nuestro continente, a nuestra Latinoamérica, a la que hoy México parece ajeno.

Les cuento que mi intención con estas palabras es hacerles saber, primero, que México sigue contando con la fortaleza de los voluntarios y las familias, que hoy más que nunca están sacando la casta, están trabajando unidos, están siendo comunidad, y segundo, que definitivamente ahora como continente, nos queda prohibido detenernos, porque como lo hacen las familias, seguiremos adelante, con la fuerza de su entusiasmo y de sus enseñanzas.

Quiero transmitirles que es por ellos que hoy ante la adversidad nos sentimos más fuertes y unidos que nunca, y llamo a todos ustedes hermanos latinoamericanos a que hagan lo mismo. No podemos darnos la espalda entre países, no podemos permitir que la discriminación levante barreras y arrase con la unidad que vamos construyendo, no puede dejar de mover al continente con la unidad que nos caracteriza. Si por la discriminación se apaga la voz de un voluntario o de una de nuestras familias de las comunidades, será el silencio de un continente rendido.
Por eso, como mexicana, les pido que transmitamos en nuestros países que la incertidumbre se alimenta con la discriminación, que de nada nos sirve darnos las espaldas. Difundamos que hoy la razón de nuestro día a día se vuelve patente, revela una vez más que la división destruye y sólo la unidad construye. No permitamos que la ignorancia nos aísle, que la desigualdad se nutra del desprecio. Denunciemos las carencias y la desigualdad en el acceso a la salud, fortalezcamos nuestros planes de salud en comunidades, conozcamos y exijamos del sistema de salubridad en nuestros países y, sobre todo, trabajemos juntos contra la desigualdad y la discriminación que afecta el desarrollo de nuestros países y la unidad de nuestro continente.

voluntarios
Les reitero que México sigue siendo un país que encuentra su impulso en la gente, en su alegría, en su hospitalidad, en su enorme pasado cultural, seguiremos adelante luchando de la mano de voluntarios y familias, de verdad está en nosotros no permitir que la discriminación continúe y nos divida. Sabemos que el compromiso y la unidad de todos nosotros, voluntarios del continente, hoy puede dar fortaleza a un país, al mágico México, parte importante de nuestra querida Latinoamérica.
Muchos abrazos y muchas gracias.

Mariana Vázquez del Mercado
Directora Social

UTPMP México


Un modus operandi largo placista , ¿posibilidad o utopía?

Julio 18, 2008

Luego de revisar las memorias del seminario: “Desigualdad y Políticas públicas: ¿cómo reducir la desigualdad en Costa Rica?”, realizado el 11 y 12 de Junio pasados, pareciera que esa  y más preguntas aún no tienen respuesta.

Para esta reflexión quiero equiparar las experiencias entre las ONG`s y el Gobierno, que hasta donde entendemos, se especializan en el desarrollo humano de una región. Pero pareciera ser que no importa cuánto hagamos, cuánto dinero recaudamos, cuántas denuncias lanzamos: si el desarrollo humano no se institucionaliza jurídicamente y se concibe a largo plazo, no se puede levantar todo un cuerpo de acción social, jurídico, moral, que establezca y perpetúe la labor de sacar a una sociedad latina, (olvidándonos de barreras imaginarias) de la pobreza. Hacia ahí oriento mis preguntas. ¿Vale de algo lo que hacemos, si no nos proyectamos a largo plazo, si no buscamos incidir en la(s) generación(es) y la formulación de tanto códigos éticos como políticas públicas de nuestro país? ¿Qué puente hay entre la ayuda de las ONG`s y los gobiernos? ¿Es que uno libera del trabajo del otro, es que uno es causa directa de las falencias de otro? Hoy, la página del seminario reza así: “En los últimos 16 años la desigualdad en Costa Rica aumentó de manera significativa”, y yo agregaría, que tomando en cuenta esta variable, el porcentaje de pobreza, se registra aproximadamente en 36% para el país.

¿Qué esfuerzos se están haciendo para poner en contacto ambas experiencias, entre ONG`s y Estado? Y, ¿es que las ONG`s están viviendo como actor social, dentro de la lógica del Estado moderno de manera aislada, casi parásita, aprovechando los nichos de acción que éste le permite, pero limitándose a ellos?. Quiero decir, la plataforma estatal y el carisma de las ONG`s no deberían estar separadas, inconexas, deben de nutrirse del trabajo de una y otra, pero más allá de lo que pueden compartir, eso no podrá pasar, en un gobierno que considera que el desarrollo humano es marginal al desarrollo económico, que pretende negociar la mano de obra como un bien nacional comerciable, y no como el fundamento de su razón de ser. Estamos viviendo tiempos, en los que los gobiernos no son más que gobiernos de empresarios, y a pesar de que la lógica empresarial se basa en la maximización de las ganancias, las ganancias para este Estado no tienen nada que ver con aliviar la exclusión y la brecha social.

Eso planteamos ante la duda de cómo aliviar la desigualdad. La instancia es, por qué no cuestionarnos la institucionalidad encargada de erradicar esos problemas, en lugar de seguir analizando la pobreza y las causas, y las estadísticas, cuando es tan obvio que no hay una plataforma jurídica interesada en revertir estos daños. No hay interés en Costa Rica de plantear programas a largo plazo o de dictar a estos proyectos un carácter de ley, que los establezca como mandatarios. Eso es lo que deberíamos de celebrar, la apropiación de los estados de una lógica largo placista en cuanto al desarrollo humano. Al consultarle a un abogado las vías para que los planes de desarrollo, posean carácter largo placista me contestó, que entre el congreso nacional se planteó una moción, para dotar a las políticas públicas y los proyectos de desarrollo con un carácter de ley, mas esa realidad nunca llegó. Y mi amigo abogado no me deja digerir esa idea sin advertirme, que con una mayoría de votos en el congreso, una ley que estorbe es una ley que desaparece, así que nada es seguro.

Y hay dos grandes problemas en dos campos, además de aquél en la dialéctica entre largo y corto plazo, hay dos temas importantes, que como costarricense creo que pueden hacer eco en el resto de los países. El humanitarismo y la política. Por un lado la política se deja de concebir como un proyecto social, y a razón de esto, alguien me dijo alguna vez, “antes, ser candidato a la presidencia era un honor, y el honor era anunciar los planes que se pretendían hacer, por que Dios guarde uno dijera algo que no cumpliera, eso sería deshonesto y poco honorable”, la política que un gobierno promueve, ya no se piensa en función de la sociedad, si no en que dé frutos instantáneos, para beneficios de su apariencia política.

A pesar de los descontentos que podamos tener con la manera en que funciona localmente la política, sería hipócrita no criticar al humanitarismo también. Es una tendencia generalizada en algunas ONG`s, y escuelas que preparan profesionales, el vender el trabajo en una de estas instituciones como una moda, como un trabajo más. Cuando en el corazón mismo y la razón de ser de las ONG`s es el poder dar una respuesta más dinámica, de la que el Estado ha probado poder dar.

Entonces, la crítica va para ambos, ellos y nosotros. ¿Cómo estamos estructurando nuestros planes de trabajo? Son planes y proyectos que pueda yo cumplir en unos meses para sentirme satisfecho, o estamos tanto las ONG`s como los Gobiernos, dispuestos a plantar una semilla, que crecerá con el tiempo, que puede que no veamos germinar, si no al cabo de unos años, y que sean otros los que estén a la cabeza liderando? Solamente alcanzaremos esta transformación, hasta que adoptemos una forma de pensar y de organizar nuestra vida, que tenga que ver con el Largo plazo, el “ahora extenso, largo” y permanente, del cual tantos intelectuales hablan ahora. Pero eso no lo podemos hacer con el sistema planetario en el que vivimos en este momento. Es preciso que se cambie el concepto del ahora inmediato, al ahora progresivo. Es decir, que dejemos de pensar en lo que es bueno para nosotros, hablando de nosotros como esta generación, si no que hablemos de un nosotros, que trascienda las barreras del tiempo, por que “nosotros” existirá hasta que el último ser humano deje de respirar.

Sophie Vindas
Voluntaria
Un Techo para mi País – Costa Rica

Columna de OpiniónA través de este espacio buscamos acercarnos a la realidad de los países donde se encuentra UTPMP, tocando temas relevantes para los contextos donde los distintos equipos desarrollan su trabajo. El texto publicado no necesariamente representan la opinión de todos los que trabajamos en esta institución.


Las consecuencias de nuestro trabajo

Julio 1, 2008

 Un Techo para mi País y un Techo para Chile llevan al día de hoy cerca de 35 mil viviendas construidas en todo Latinoamérica, esto trae consigo consecuencias de índole muy distinta. Consecuencias increíblemente buenas, que nosotros mismos no damos crédito de que sean dadas por la construcción de una simple vivienda de emergencia. Pero también trae consecuencias no tan positivas, pero que no deben opacar el brillo de los éxitos alcanzados.

 La venta de casas es un problema ante el cual debemos tomar una posición como institución, posición que debe radicar en nuestros valores más nobles, en nuestras convicciones más profundas, y debe ser coherente con nuestro fin.

 En Uruguay nos hemos visto varias veces enfrentados a este tema, incluso una vez llegó a tomar un tinte mediático bastante amarillista, donde la prensa comenzó a difundir casos de venta de casas o de permuta de éstas por artículos como una motocicleta en un asentamiento. Bajo estas circunstancias fue muy fácil que la gente cayera en realizar juicios de valor al comportamiento de las familias, tomando esto como factor común de actuación propio de las comunidades de los asentamientos; por lo cual el Techo hizo pública su posición ante el problema.

 Un techo para mi País debe ser quien esté siempre del lado de los más pobres, y entre ellos. Nunca debe analizar las situaciones desde un óptica ajena al problema, sino que debe ser quien desarrolle la mayor empatía con las circunstancias a las que se enfrentan día a día las familias más excluidas de nuestro continente. Y entender que muchos actos son producto de esta injusta y explícita exclusión.

 Si nosotros mismos, jóvenes universitarios, con esplendidas oportunidades y privilegios en nuestras vidas, pertenecientes a diversos grupos de personas, accedemos a la compra de determinados bienes pagando por estos valores exorbitantes; esto sólo para sentir que somos aceptados e incluidos en un determinado grupo social al que sentimos la necesidad de pertenecer. ¿Cómo podemos juzgar entonces a aquellas familias que venden su casa para acceder a determinados bienes de consumo?

 Muchas veces, al saber que una familia vendió su casa sentimos mucha impotencia y hasta decepción, y esto porque analizamos el hecho desde la egoísta perspectiva de “la gran expectativa que había generado yo por esa familia”, “lo defraudado que me siento”.
 
 Lo vemos como una traición. No podemos creer que nos deban algo, ni como voluntarios ni como organización, por haber entregado dos días de nuestra vida y una vivienda de emergencia a personas que pasaron su vida padeciendo lo que les debe una
sociedad entera.

 Un techo para mi País construye viviendas con el objetivo de que éstas sean un motivo propulsor de desarrollo y superación para las familias, un trampolín que permita acceder a una situación mejor, y no un motivo de “atadura” o arraigo a una situación. Muchas veces la venta de la casa implica el acceso a algo mejor en materia habitacional.

 Nosotros insistimos todo el tiempo en el sentido de pertenencia que la familia debe de tener respecto a la vivienda; y debemos ser coherentes con este mensaje en nuestro accionar.

 Creo que debemos efectuar acciones concretas en nuestro trabajo previo y post construcciones, trabajar para mejorar nuestros procesos de asignación y seguimiento. Pero no debemos olvidar nunca que trabajamos por cambiar una sociedad llena de prejuicios, una sociedad que se la pasa condenando a personas que ha apartado e ignorado cruelmente. Luchemos contra esto dando el ejemplo.
Trabajemos desde nuestro lugar para provocar un cambio profundo en la mentalidad de nuestra sociedad, toquemos la esencia de nuestra Latinoamérica.

Cynthia Pérez
Directora Social
Un Techo para mi País – Uruguay

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Política Social Argentina

Junio 13, 2008

 

Desde los años 50, la República Argentina se ha visto asolada por una política social simplista, corrupta y funcional únicamente para los intereses de los gobernantes de turno. Principios básicos: Asistencialismo, paternalismo, visión a corto plazo (slogan peronista: “Alpargatas sí, libros no”), utilitarismo puro. Resultados: Destrucción total de las redes sociales de contención, dependencia, falta de desarrollo humano.

 

La manipulación actual de los estratos sociales que se vieron sumidos bajo la línea de pobreza a causa de la crisis nacional que tuvo su punto más álgido en los años 2001 y 2002, no tiene precedentes. Desde ese año, y a la fecha (a pesar de las variaciones en la tasa de crecimiento nacional) se destinan u$d 47,20 por Jefe de Hogar desocupado (cerca de 1.500.000 según datos oficiales, yo diría que son más del triple), hasta tanto éstos consigan trabajo regular en orden a la articulación que el Plan desarrolla con los tomadores de mano de obra. Las cifras no mienten: la inserción al empleo es menor al 7%, insisto: según estadísticas oficiales. Entonces: ¿Qué papel juegan los millones de pesos asignados a cerca de 1.460.000 argentinos? ¿Qué hace el Estado?

 

Una historia puede ayudar: cuentan que con la apertura económica de la por entonces China comunista, los gobernantes de Beijín se vieron ante el potencial turístico de su ciudad un tanto avasallados. ¿Por qué?: Ratas. La ciudad estaba apestada. Respuesta rápida: El Estado pagaría 1 Yuan por cada roedor muerto. Los chinos, ni lentos ni perezosos, superaron las expectativas: desarrollaron la mejor de las industrias, criar ratas. Traduciendo: Hay políticas estatales que sólo alientan aquello que quieren destruir. Entonces: ¿Qué hacen los gobernantes argentinos? El país se va parando, hay más dinero, el Estado recauda más, y otorga más y más planes sociales, pero jamás con el fin de combatir la pobreza. Los “Punteros” (operadores/representantes de los partidos políticos dentro de las villas) asignan aquellos a dedo. El aparato estatal no controla que las contraprestaciones exigidas por las regulaciones se cumplan, se alienta el trabajo en negro (porque el registrado haría caer inmediatamente la asignación social), y finalmente, se compra la voluntad popular (aquí es un privilegio votar con la panza llena), se alimenta el monstruo de la pobreza con más pobreza.

 

Una práctica lamentablemente repetida. Una historia que DEBE detenerse y cambiar.

 

José L. Coppari

Director Social

Un Techo para mi País Argentina – Oficina Córdoba

 

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