Historia de vida: María Ileana

Abril 15, 2009

María Ileana Perez es una habitante del barrio los Laureles Sur en la ciudad de Managua, tiene 48 años de edad, de los cuales lleva 15 viviendo en el barrio. Se caso joven, a los 18 años. Un año después ya tenía a su primer hijo Marvin, al siguiente año Marvin ya tuvo un hermanito, José y dos años más tarde tuvo a  una niña, Mayra.

Su marido Marlon le llevaba 10 años, y se ganaba la vida como vendedor ambulante. Ella, por su parte, trabajaba haciendo tortillas para una señora en el mercado. Cuando el mayor de los chavalos, Marvin, tenía 16 años, Marlon, su marido, muere luego de una semana de una enfermedad, y es hasta el día de hoy que Maria Ileana no sabe de que murió su marido.

Un par de años después, María Ileana conoce a un hombre que tenía mala fama en el barrio. Ella dice que se enamoró, así que decide emparejarse con él y tener tres hijos más. Sin embargo, él decide dejarla y abandonar a sus tres hijos. De nuevo María Ileana sola y con tres hijos pequeños más que alimentar. Para esa época sus dos hijos mayores, Marvin y José, deciden emigrar hacia Costa Rica en busca de mejor vida y desde entonces casi no tiene noticias de ellos. Ileana cuenta que reniegan de ella y sienten vergüenza de la situación de pobreza en la que vive.

Otra vez Ileana sola, sin pareja y sin el apoyo de dos de sus hijos mayores, necesita sobrevivir. Para ellos sigue haciendo tortillas en el mercado al mismo tiempo que comienza a probar suerte como vendedora ambulante. Sin poder dedicarles tiempo, ni cuidado a sus tres hijos menores, sin ningún tipo de apoyo de nadie, no tiene más remedio que dejarlos solos en la champita de plástico en la que vivían. Esto sucedió hasta que hace seis años un día, de regreso a la champita, encontró muerto al más chiquito de sus tres hijos menores. Y, como si fuera poco, después, a raíz de la muerte de su niño, el gobierno le quitó a sus otros dos hijos para llevarlos a un centro de protección infantil por no estar ella en condiciones para darles un buen cuidado. El papá de los tres hijos se dio cuenta de la situación y regresó donde Ileana. Ella, en su soledad, lo vuelve a aceptar, y al año tiene otra niña con él, Magdalena.  Sin embargo, luego de dos años, el hombre la vuelve a dejar sola y con una nueva niña que criar.

Esta era la situación de Maria Ileana cuando Un Techo para mi País Nicaragua hace las detecciones en los Laurles Sur, saliendo Ileana seleccionada como beneficiaria de una vivienda de emergencia. Se le construyó la mediagua y dos semanas después, el Ministerio de la Familia, Adolescencia y Niñez decide que Maria Ileana ahora puede brindarle mejores condiciones habitacionales a sus hijos y le devuelve a los dos pequeños que tenían bajo resguardo en los centros de protección de menores.

Cuando se le construyó la mediagua de 18 metros cuadrados a Maria Ileana nunca imaginamos el efecto que esta tendría en el mejoramiento de su calidad de vida, en la posibilidad que Ileana volviese a tener a sus hijos cerca, viviendo con ella, en el significado que tiene para un niño volver a tener la posibilidad de crecer al lado de su familia. Tal vez sí se pensó, pero de manera muy abstracta, muy teórica. Esta noticia viene a materializar, a hacer nuestro trabajo tangible, estas noticias hacen de Un Techo una organización que logra que los jóvenes se comprometan de verdad con la causa de los pobres, son las historias de tantas Marias Ileanas las que hacen que cientos de jóvenes estén dispuestos a entregarse a esta labor en alma y corazón, hacen que sientas que  resuelves un problema latente, un problema inmediato, concreto y fundamental que puede cambiarle la vida a una familia entera. No significa que ése sea el único problema a resolver, no significa que no haya que buscar como cambiar el sistema.

Debemos luchar por esos cambios estructurales, estamos en la obligación de buscar cómo ayudar a resolver problemáticas inmediatas. Y, sobre todo, al estar sufriendo transformaciones personales de la mano con las familias, ambos estamos aprendiendo juntos. Nosotros debemos ser el canal, no la voz, a través del cual se aplique la voz de ellos para que sea escuchada, esta realidad sea expuesta y cambiada y que cada vez hayan menos niños como los de Maria Ileana que tengan que ser separados de sus familias, no por orfandad, no por violencia, sino porque los padres no tuvieron los recursos suficientes para brindarles a sus hijos condiciones mínimas en materia habitacionales, de seguridad, alimentación y salubridad.

Ana Lucía Álvarez
Voluntaria
UTPMP Nicaragua