Desde los años 50, la República Argentina se ha visto asolada por una política social simplista, corrupta y funcional únicamente para los intereses de los gobernantes de turno. Principios básicos: Asistencialismo, paternalismo, visión a corto plazo (slogan peronista: “Alpargatas sí, libros no”), utilitarismo puro. Resultados: Destrucción total de las redes sociales de contención, dependencia, falta de desarrollo humano.
La manipulación actual de los estratos sociales que se vieron sumidos bajo la línea de pobreza a causa de la crisis nacional que tuvo su punto más álgido en los años 2001 y 2002, no tiene precedentes. Desde ese año, y a la fecha (a pesar de las variaciones en la tasa de crecimiento nacional) se destinan u$d 47,20 por Jefe de Hogar desocupado (cerca de 1.500.000 según datos oficiales, yo diría que son más del triple), hasta tanto éstos consigan trabajo regular en orden a la articulación que el Plan desarrolla con los tomadores de mano de obra. Las cifras no mienten: la inserción al empleo es menor al 7%, insisto: según estadísticas oficiales. Entonces: ¿Qué papel juegan los millones de pesos asignados a cerca de 1.460.000 argentinos? ¿Qué hace el Estado?
Una historia puede ayudar: cuentan que con la apertura económica de la por entonces China comunista, los gobernantes de Beijín se vieron ante el potencial turístico de su ciudad un tanto avasallados. ¿Por qué?: Ratas. La ciudad estaba apestada. Respuesta rápida: El Estado pagaría 1 Yuan por cada roedor muerto. Los chinos, ni lentos ni perezosos, superaron las expectativas: desarrollaron la mejor de las industrias, criar ratas. Traduciendo: Hay políticas estatales que sólo alientan aquello que quieren destruir. Entonces: ¿Qué hacen los gobernantes argentinos? El país se va parando, hay más dinero, el Estado recauda más, y otorga más y más planes sociales, pero jamás con el fin de combatir la pobreza. Los “Punteros” (operadores/representantes de los partidos políticos dentro de las villas) asignan aquellos a dedo. El aparato estatal no controla que las contraprestaciones exigidas por las regulaciones se cumplan, se alienta el trabajo en negro (porque el registrado haría caer inmediatamente la asignación social), y finalmente, se compra la voluntad popular (aquí es un privilegio votar con la panza llena), se alimenta el monstruo de la pobreza con más pobreza.
Una práctica lamentablemente repetida. Una historia que DEBE detenerse y cambiar.
José L. Coppari
Director Social
Un Techo para mi País Argentina – Oficina Córdoba
Columna de Opinión – A través de este espacio buscamos acercarnos a la realidad de los países donde se encuentra UTPMP, tocando temas relevantes para los contextos donde los distintos equipos desarrollan su trabajo. El texto publicado no necesariamente representan la opinión de todos los que trabajamos en esta institución.


